Los antiguos maestros de Tōde en Okinawa, como Satunushi Sakugawa, sentaron las bases de este código ético. Posteriormente, el Sensei Gichin Funakoshi, junto a los principales instructores de la JKA, desarrolló el Dojo Kun, el cual es recitado por todos sus practicantes.
En cada práctica dentro del dojo, los alumnos se arrodillan en posición seiza y repiten en voz alta estos cinco preceptos. Este acto no solo forma parte de la tradición, sino que también refuerza constantemente la actitud, la mentalidad y las virtudes que deben cultivarse tanto dentro como fuera del dojo.









